Amor y Autoridad
28 mayo, 2019
El duelo

El duelo

El duelo

Como quizás ya saben, estos días han sido muy movidos emocionalmente, recordando momentos de pérdidas muy importantes para mi.
Y pensé en compartir con ustedes, algunas cosas que he aprendido al vivir estos duelos, porque quizás estés tú o alguien cercano este también teniendo un momento de perdida/cambio.
El duelo no es una tarea a la que le das check list, si bien tiene unas etapas y a medida que las vives se va transformando, es siempre un proceso al que vuelves a través de los recuerdos, las fechas, los sueños. Cambia la intensidad del dolor, la expresión, el significado que le das a muchas cosas y se mantiene la sensación de extrañar, de querer que esa persona o esa situación de algún modo “vuelva”, te hable, te abrace.



Cuando perdemos algo muy valioso, una tendencia natural es a pelearnos con Dios, con la vida, con quien sea, buscando expresar el dolor, la impotencia, la rabia que sentimos

Cada persona encuentra nuevas formas de sentirse en conexión con la persona que perdió. En mi caso, siento a mi mamá presente cuando suenan ciertas canciones, cuando aprecio ciertos olores, cuando visito ciertos paisajes. No estás loco, si tienes sueños vividos con esa persona, si sientes como si te hablara o si crees ver personas muy parecidas en la calle, es normal y es sano para el duelo encontrar tu propio canal para seguir comunicándote con esa persona amada.
No todos los que te quieren y quieren tu bien, pueden acompañarte en esos momentos. En la funeraria con mi mamá, llegaron muchísimas personas, todas muy apreciadas, gente que fue cordial, que nos quería mostrar su afecto por ella y por nuestra familia. A todos les agradecí y con quien pasé largo rato y me quería quedar, era solo con mi hija mayor, no se trata de quien es mejor o no, ni quien quiere o puede estar contigo. Se trata de respetar el deseo de tu corazón, más que los convencionalismos sociales.
Agradezco inmensamente a quienes me acompañan cercanamente y a través de un mensaje, un abrazo, la oración y/o el silencio. En todos estos años, he aprendido a no vivir las pérdidas solas y eso ha sido clave para poder ir transitando por ellas.
La vida no vuelve a ser la misma y eso no significa que tiene que ser peor. Si algo he podido ver en mi propio duelo, quizás por la forma en la que sucedió, es que puedo sentir profundo dolor y al mismo tiempo estar feliz y en gratitud, no es incongruencia, es plasticidad emocional.
El 18 de marzo, estaba en la misa de mi mami dando gracias por ella, por los aniversarios de boda de mis tíos, de mi hermana y el mío, lloraba, reía a ratos, viví lo que sentí en ese momento. Ese día volví a casa, cociné, continúe, siempre a mi ritmo, a mi forma.
Reconozco a quienes aún deciden vivir sus duelos haciéndose los fuertes, o los que nada pasa. En mi caso desde la semana después de la muerte de mi mamá, empecé a buscar ayuda, a hacer nido con mis hermanas, a buscar hombros en mi esposo, en mis hijos, en mis amigas más cercanas, para llorar, a detener por un rato mis rutinas de trabajo y mis prioridades externas. Todo esto para dejarme cuidar y sostener, y trabajar mucho en mi niña interior, no porque tuviera una mala relación con mi mamá, sino porque su pérdida recordó muchas de las huellas emocionales que ella dejó en mi vida y de esa manera logré sanar, para luego poder avanzar.
Cuando perdemos algo muy valioso, una tendencia natural es a pelearnos con Dios, con la vida, con quien sea, buscando expresar el dolor, la impotencia, la rabia que sentimos.
Yo no tenía en aquellos momentos muchas fuerza ni energía para pelear hacia afuera y empecé a pelearme un rato conmigo misma, con la culpa, con el quizás no haber sido suficiente como hija, con el que quizás si hubiese hecho esto o lo otro habría evitado su muerte, terminé cansada de pelear conmigo y allí me entregué espiritualmente a reconocer, despertar, escuchar y dejar que el Dios que vive en mi, limpiara mis heridas ¡así hice la paces conmigo!
Hoy aún en muchos momentos, me visitan esas ideas pero ya no me atormentan, no me hacen daño.
El duelo es un regalo envuelto muy feo, pero su valor es inmenso. Independientemente de aquello en lo cual decidas creer, en las pérdidas, es importante aferrarte a algo más grande, yo, lo llamo FE, ha sido mi compañera fiel en este camino de vuelta a mi.
Gracias mami, porque si hoy puedo compartir esto que he aprendido, es porque tu ausencia ha sido mi gran maestra y tu presencia sigue siendo mi guía.

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